Milagros Eucaristicos
Milagros Eucarísticos
¿Qué son los milagros Eucarísticos?
Son eventos extraordinarios relacionados con la Eucaristía, donde se considera que el pan y el vino se transforma en el cuerpo y la sangre de Cristo.
El milagro Eucarístico que presenció el Papa Francisco
Uno de los milagros Eucarísticos más recientes tiene como protagonista al Papa. En 1996, el Papa Francisco, entonces Arzobispo de Buenos Aires, fue testigo directo del milagro Eucarístico ocurrido en una Iglesia de la capital bonaerense. Alguien había abandonado una Hostia consagrada, dejándola en un candelabro. El sacerdote, en lugar de consumirla, decidió colocarla en un recipiente con agua en el Sagrario de la capilla del Santísimo Sacramento, esperando que se disolviera. Pero pocos días después, la Hostia se había convertido en una sustancia sanguinolenta.
Examinada científicamente,
resultó ser una muestra de un corazón humano vivo, sometido a estrés severo
(traumatizado o golpeado), que era imposible, científicamente, que se hubiera
mantenido en agua conservando sus células con vida. El laboratorio informó
además de que la muestra de tejido parecía estar aún con vida, ya que las
células se movían o latían como lo harían en un corazón humano vivo.
El Milagro Eucarístico de Lanciano
En el siglo VIII, un monje de la Orden de San Basilio. en
Lanciano, Italia, estaba experimentando dudas acerca de la presencia real de
Jesús en la Eucaristía. En medio de una Misa, mientras decía las palabras de la consagración, vio cómo el pan se transformó
en carne humana y la sangre se coaguló en cinco coágulos. Se puede visitar la
carne y la sangre milagrosa en la Iglesia de San Francisco de Lanciano, Italia.
Fue sometido al análisis científico del Dr. Odoardo Linoli, jefe de servicio de
los Hospitales Reunidos de Arezzo y profesor de anatomía e historia patológica
y de química y microscopia clínica; y el Dr. Ruggero Bertelli, profesor emérito
de anatomía humana en la Universidad de Siena.
El milagro de Casia
Ocurrió en un pueblo de Italia, Casia,
en 1330. Un sacerdote había perdido su respeto por la Eucaristía y ejercía su ministerio sin gusto y por rutina. Le
llamaron para que llevara la comunión a un enfermo. En esa época esto se
hacía solemnemente y tocando la campanilla por el camino. El
sacerdote, lejos de hacerlo así, colocó además la Hostia consagrada dentro
del Breviario para transportarla sin el menor respeto ni delicadeza. Cuando
llegó a casa del enfermo, al abrir el libro, se encontró con dos manchas de
sangre, una en cada página entre las que había depositado la Sagrada Forma. Una
de las páginas se conserva en Perugia (con un perfil del rostro de Cristo que
se formó después en la mancha) y la otra, con la Hostia adherida, en el
Monasterio Agustino de Casia, donde se venera.
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